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Enhorabuena desde CIMA para Leticia Dolera

Cuando nos pidieron un pequeño texto con motivo del Premio Ciudad de Huesca reconociendo la trayectoria de Leticia Dolera tengo que confesar que se produjo un regocijo general en CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales con más de 300 mujeres profesionales de las distintas especialidades de nuestro sector. La satisfacción colectiva ante el reconocimiento a una compañera entra dentro de cierta normalidad cuando se produce atendiendo a logros profesionales indiscutibles pero haciendo un ejercicio de honestidad debemos reconocer que se tiñe de algo más cuando una de nuestras colegas no es solo admirada si no también especialmente querida. Y este es el caso que nos ocupa con Leticia.

Y no es una cuestión menor esta del amor por una compañera. Porque para loar su trayectoria podríamos invocar razones, como digo, exclusivamente profesionales. Podríamos decir que es una actriz que ha sabido adecuarse a géneros demostrando una gran versatilidad y talento. Que no satisfecha con ello decidió emprender el camino de la dirección sin complejos proponiendo una película personal e intransferible en un tiempo en el que lanzar este tipo de propuestas es equivalente a colocarse una pistola en la sien. Que es una trabajadora nata, inasequible al desaliento, capaz de mover los pilares de la tierra alentada tan sólo por la pasión que su vocación imprime… sí, podríamos decir todo esto y mucho más de Leticia. Y todas estas razones y muchas más que me dejo en el tintero podrían dejar clara nuestra admiración pero no nuestro amor, como es el caso.

Como muchas otras compañeras de profesión, Leticia podría haberse quedado en una posición higiénica y acomodaticia respecto a expresar sus posiciones respecto a la igualdad, el feminismo y la implicación asociativa derivada. De hecho, muchos de sus compañeras y compañeros de profesión parecen pensar que declararse abiertamente feminista es poco menos que hacer una invocación a Satán que puede lastrar – como lo oyen – sus carreras. Ella no. Porque ella, como sus ojos, habla fuerte, claro y sin reservas. Leticia entiende el feminismo como muchas lo entendemos y, precisamente, al ser así de consciente no duda en afrontarlo y exponerlo públicamente, sin despreciar el barro y abordándolo siempre desde un plano didáctico absolutamente indispensable en los tiempos que corren. La queremos sin reservas porque nos sentimos reconocidas en ella cuando intuimos que tantas veces ha tenido que enfrentar a alguien diciéndole: quién te manda decir algo así. Y porque inmediatamente nos la imaginamos contestando reivindicando posiciones, dejando bien claro que allí mandan el rigor de sus convicciones y su propia coherencia que, por cierto, la alejan de la sospecha de una postura marcada por una moda o eslogan que viene de lejos porque en ella impera el dictado de un convencimiento propio, hondo y sincero.

Sinceramente, tengo que confesar que me produce el mismo placer orgásmico ver a Leticia empuñando una motosierra para liquidar a una horda de zombies que dejando bien clarito lo que es el feminismo radical. De hecho ambas imágenes suelen y pueden integrarse en mi mente sin mucha dificultad.

Así pues, no sólo admiramos a Leticia por su carrera, trayectoria que reconoce este premio Ciudad de Huesca, si no también por ser como es y por demostrarnos cada día que es una de nuestras compañeras, apoyando sin fisuras a nuestra asociación en el camino de la exigencia de la plena igualdad.

Enhorabuena por este premio Leticia. Te queremos, compañera. Sin reservas.

Virginia Yagüe

Presidenta de CIMA