PREMIO LUIS BUÑUEL

JOSÉ SACRISTÁN

José Sacristán. Autor: Luis Rubio

UN GIGANTE

Puede sonar extraño pero uno de los gigantes de la historia del cine nació en un pueblo de Madrid. Fue en Chinchón, en 1937, en plena Guerra Civil. Se llama José Sacristán, todos le llaman Pepe y este año recibe el Premio Luis Buñuel del Festival de Huesca. Tiene 80 años pero son asombrosos. Consagrado como una leyenda absoluta de la cultura española, mantiene una actividad apabullante y ahí sigue, como uno de los mejores de los nuestros.

Su padre Venancio fue un comunista al que conoció en la cárcel cuando era un niño. Pepe fue uno de los muchos españoles que sufrió hambre, calamidades y sabañones. Compartió habitación con sus padres, su hermana y otros dos parientes en un pisito de Madrid con derecho a cocina. Él admite que tiene paladar de pobre: todo le sabe bueno, tal vez porque creció con la certeza de que era un lujo cualquier alimento que se podía llevar a la boca.

Durante años trabajó en un taller mecánico pero, en cuanto pudo, concentró todas sus energías en lograr su gran ilusión: ser un artista de cine, como aquellos que le habían hecho soñar en las primeras películas que vio en la delantera de gallinero del cine de Chinchón.

Pepe representa los diferentes avatares y periodos del cine, el teatro y la televisión de la España de los últimos 50 años y las propias circunstancias de un país que él ha vivido en primera fila.

En los primeros años 60 interpretó en el teatro Calígula, al lado de José María Rodero, quien, en una escena de la función, se comía un muslo de pollo. Pero, en realidad, Rodero fingía que se lo comía y se limitaba a acercárselo a los labios: ese muslo de pollo era la única comida de Pepe. Para subrayar la importancia de tener claras las prioridades, Pepe recuerda una frase de su tío Tomás: “Lo primero es antes”. Y, en aquella época, la prioridad número uno era la pura supervivencia. Pepe era comunista pero casi todos los directores que le dieron trabajo eran franquistas: Lazaga, Ozores, Sáenz de Heredia. Pepe es un tipo muy agradecido y tiene buena memoria: si a alguien se le ocurre ahora maltratar a esos cineastas, él saca las uñas. Pepe siente un pinchazo cada vez que ve un libro del Círculo de Lectores: él fue uno de los primeros vendedores a domicilio de esa empresa, un empleo que le hizo leer muchos libros y le sacó de bastantes apuros. Pepe siempre lleva consigo la pequeña libreta de hojas cuadriculadas en la que, a finales de los años 50, escribía frases que leía en un libro en el que Stanislavski detallaba su método de interpretación. De vez en cuando, las relee, quizá para no olvidar adónde quería llegar cuando aún no era nadie.

Ha sobrevivido a la Guerra Civil, la posguerra, la miseria, el franquismo, el destape, la Transición, el cine de culto y las películas cochambrosas. También ha sobrevivido al olvido. Ahora se lo rifan: los cineastas jóvenes, los directores de teatro, las series de televisión. Pero el cine le dio la espalda más de lo que se puede creer: entre 1995 y 2001 no hizo ninguna película y entre 2004 y 2011, tampoco. En 20 años, 13 en blanco. No fue candidato al Goya hasta 2013, el año que se lo dieron. Interpretó el dislate con mucho humor: “Me extrañaba que no me nominaran, aunque lo atribuía a que, desde que existen los Goya, me he dedicado, sobre todo, al teatro. Pero luego reparé en que tampoco me habían nominado nunca a los premios de teatro”. Cantar copla le pierde: “Soy una tonadillera frustrada”. No se quita de la cabeza a Chinchón, su pueblo, ni a un ser descomunal que aún le marca cómo vivir: “Aún estoy en segundo de Fernán-Gómez”.

Ha llegado a ese punto en que cualquier cosa que toca parece bendecida. La expresión “Pasa por su mejor momento” se lleva diciendo de él desde hace mucho tiempo. Su vida se ha convertido en una inaudita sucesión de mejores momentos.

Me huele que, para él, cinéfilo enfermizo, que ve las películas de Luis Buñuel con reclinatorio, el premio del Festival de Huesca no será un premio más. Estoy seguro de que lo guardará en un lugar de oro.

La historia de Pepe Sacristán es la de un tipo de Chinchón que, a base de pasión, trabajo y talento, ha logrado llegar más lejos que muchos de los artistas de cine que a él, de niño, le hicieron soñar.

Luis Alegre

PREMIO LUIS BUÑUEL

El Premio Luis Buñuel es el premio a una carrera y a una vida profesional en el mundo del cine. Se instauró en 1998 recogiendo el sentir del Comité de Dirección, tras los homenajes que el Festival le dedicó en diversas ediciones a Buñuel y tras la aprobación de sus hijos Juan Luis y Rafael.

El trofeo inicial fue una creación del reconocido artista oscense Eduardo Cajal, realizado en bronce y desmontable. Representaba el dintel de una puerta y según el autor, se inspiró en su largometraje El Ángel Exterminador.

Nueve años después se cambió de imagen el trofeo, concretamente en la 34ª edición, a manos del artista zaragozano Fernando Sinaga. Fue un abanico desplegado que, según su autor, representa al mismo tiempo la “seducción” y la idea de “lo secreto y lo oculto”.

En la edición 42ª, la nueva dirección, encargó al artista oscense Antonio Santos un nuevo trofeo. El nuevo galardón, bautizado como ‘La Corista’, rompe con el esquema clásico de trofeo. La obra diseñada por el escultor oscense Antonio Santos está compuesta por las diferentes partes que forman la figura de una corista.

Santos es escultor, pintor e ilustrador. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona y residió en París. Durante sus más de 25 años de trayectoria artística ha participado en más de 50 exposiciones individuales. Recibió el Premio de Dibujo Rafael de Penagos, el Premio Daniel Gil y el segundo Premio Nacional de Ilustración 2003 por “Pancho”, publicado por Kalandraka. Ha colaborado con otras editoriales como Siruela, Sinsentido, SM y Libros del Zorro Rojo.

Entre las personalidades más destacadas que ha recibido el galardón, se encuentra José Luis Borau (1998), Michel Piccoli (1999), Silvia Pinal (2000), Patrice Leconte (2001), Aki Kaurismaki (2002), Jerzy Kawalerowicz (2003), Jean Troell (2004), André Techiné (2005), Pedro Armendáriz Jr. (2006), Vittorio y Paolo Taviani (2007), Bertrand Tavernier (2008), Theo Angelopoulos (2009), Angela Molina (2010), Elías Querejeta (2011), Stephen Fears (2012), Adolpho Arrietta (2013), Carlos Saura (2014), Laurent Cantet (2015), Jean Claude Carrière (2016), Costa Gavras y Alex de la Iglesia (2017).