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COSTA-GAVRAS, EL RITMO CINEMATOGRÁFICO DE LO POLÍTICO

Una vieja metáfora nos ayuda a diferenciar entre dos conceptos. Compromiso e implicación no son exactamente lo mismo: en un plato de huevos con tocino, la gallina se compromete, el cerdo se implica. El cine de Costa-Gavras (Loutra-Iraias, 1933) va más allá del compromiso, nos habla de un cineasta que se implica con la sociedad a través de su trabajo. Costa-Gavras lleva más de medio siglo creando metáforas para las pantallas y reivindicando el espectáculo cinematográfico. Este cineasta vocacionalmente europeo responde a la “acusación” de director político citando a Roland Barthes para decir que toda película es política, que todo filme es susceptible de ser analizado políticamente y que la mirada política está también en sus espectadores.

Aunque no cabe olvidar algunas incursiones en dramas sentimentales o familiares, es cierto que un repaso a las temáticas desarrolladas en su filmografía nos lleva a algunos de los grandes temas histórico-políticos de buena parte del siglo XX y de lo que va de XXI, con una voluntad demostrada de cruzar fronteras sin complejos: la Resistencia francesa, el golpe de Estado de los coroneles en Grecia, las purgas estalinistas en Checoslovaquia, el imperialismo estadounidense en América Latina, el gobierno colaboracionista de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, las atrocidades de la dictadura de Pinochet, el conflicto palestino-israelí, las huellas vivas del fascismo en la sociedad estadounidense contemporánea, la caída del muro de Berlín, el infinito poder para el mal de los medios de comunicación, los dramas del desempleo, la aventura a menudo trágica de la inmigración o la obscenidad del capitalismo… Pero Costa-Gavras no es un gigante del cinematógrafo únicamente por haber abordado estos temas, sino por haber extendido su compromiso, a través de su personal sentido del ritmo, a la construcción del relato fílmico. Su extraordinario pulso como director resulta evidente desde su opera prima, Compartiments tuers (Los raíles del crimen, 1965) y, la en su momento denostada y hoy apreciadísima, Un homme de trop (Sobra un hombre, 1967). Una prueba más de su amor por el cine es el trabajo que desempeña de manera voluntaria como presidente de la Cinemateca Francesa, ejemplar institución dedicada a la preservación y difusión de este arte de poco más de 120 años de historia.

Costa-Gavras llega ahora a Huesca y al escuchar hablar español -lengua que domina muy bien- es seguro que recordará a su amigo Jorge Semprún, al que conoció en casa de Yves Montand y Simone Signoret, en lo que fue para él como caer en una marmita de la sabiduría… y de la ética. Con él escribió tres películas basadas en hechos reales pero a las que se acercaban a través de metáforas que les ayudaron a sintetizar. Desgraciadamente, la muerte del autor de El largo viaje nos impedirá ver el viejo proyecto de película que ambos tenían para hablar de la Guerra Civil española a través de la figura de André Malraux y de su inolvidable Espoir, Sierra de Teruel (1939). Semprún decía deber a Costa-Gavras “algunos de los momentos de mayor emoción de una vida que no se ha privado de tenerlos.”

Tal vez la lucha entre poder y resistencia sea el gran tema que atraviesa la filmografía del maestro Costa-Gavras. Los distintos ejercicios del poder en esa inmensa pirámide que es cualquier sociedad terminan generando sus propias resistencias. Esta aproximación desde el cine nos dirige más hacia el interés por “lo político” que por “la política”, conceptos a menudo muy diferentes. Las películas del director franco-griego son desde hace más de cincuenta años uno de los mejores ejemplos de la extraordinaria función reveladora y crítica del cine para los espectadores.

Joxean Fernández

Director de la Filmoteca Vasca

Miembro del Comité de Dirección y Selección del Festival de San Sebastián